Wednesday, July 28, 2004

Poema de la Despedida (Por Jose Ángel Buesa)

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero al quedarme solo sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

Tuesday, July 20, 2004

20 Poemas de Amor y una Cancion Desesperada

- Poema 20 -

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
 
Escribir, por ejemplo: "La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
 
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
 
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
 
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
 
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
 
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
 
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
 
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
 
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
 
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
 
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
 
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
 
Pablo Neruda

Versos al Oido de Leila

Oyeme, corazón. En cada rama
del bosque secular se esconde un nido
o una dulce pareja que se ama;

Cada una rosa del rosal resume
un corazón, felíz o dolorido,
que de amor en la brisa se consume;
la estrella que nos manda sus reflejos
no hace más que volver con su luz pura
los besos que le envían desde lejos...

Todo tiembla de amor..., hasta la piedra
a veces se estremece de ternura
y se vuelve un jardín bajo la yedra...

                         * * *
No importa ser mujer o ser paloma,
ser rosa de Amatonte, estrella o paloma;
importa tener alma y dar esa alma
en risas, en fulgores o en aroma.

Triunfa el amor sobre la muerte.
Nacenlas rosas para amar y hasta las rosas,
cuando al viento, marchitas, se deshacen,
se vuelven un tropel de mariposas.

Suspiro en un anhelo que, escapadodel corazón,
 se va a volar errantebuscando una ilusión
que ya ha pasadoo algún sueño de luz que está delante...

Pues bien, la brisa pasa en blandos giros,
y no puede medir su pensamiento
la interminable tropa de suspirosque viaja en cada ráfaga de viento...

Tú, que tienes los ojos soñadores
como una noche tropical, asoma
tu corazón a todos los amoresy sé estrella, sé flor o sé paloma,

y ya verán tus ojos asombrados,
ante la tarde que en el mar expira,
cuán hermosa es la tarde, si se mira
con dos ojos que están enamorados.
 
 
Ricardo Miró

Una Pregunta

Sol espléndido y radiante en la ancha esfera sujeto;
no te pregunto el secreto de tu esplendor rutilante.

Ni por qué, nube distante tiñes de ópalo y rubí;
pero perdóname si te pregunto en mi querella,
¿si estará pensando en mí como estoy pensando en ella?

Luna, brillante topacio que, entre nebuloso tul,
cruzas la techumbre azul de las alas del espacio.
Si se fijaron despacio sus bellos ojos en ti,
y si la miraste, di si estaba doliente y bella,
si estaba pensando en mí como estoy pensando en ella.

Mar inmenso que te agitas sobre tu lecho de arena,
y que ora en bonanza plena tus olas no precipitas;
tú que bañas las benditas riberas donde viví,
los sitios donde la vi tan pura, tan dulce y bella,
responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.

Brisa, que acaso pasando jugaste con sus cabellos,
tú que besaste su cuello su mejilla acariciando,
Y que luego murmurando te fuiste lejos de allí,
si eres la misma que aquí pasas sin marcar tu huella,
responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.

Noche apacible y serena por más que te cause enojos,
que sean más bellos sus ojos y más negra su melena,
Presta un consuelo a mi pena ya que sufriendo viví,
y pues no llega hasta aquí el resplandor de esa estrella,
responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.

Nubes que en blanco celaje bordáis el manto del cielo,
cual aves que alzan el vuelo sobre el inmenso paisaje,
decidme si en vuestro viaje lejos, muy lejos de aquí,
llegasteis a verla, y si respondéis a mi querella,
si estaba pensando en mí, como estoy pensando en ella.

Sol y luna, mar y viento, nubes y noche, ayudadme,
y en vuestro idioma contadme si es mío su pensamiento;
si es igual su sentimiento a este que mi pecho hiere,
decid si mi amor prefiere a la calma que perdió;
¡decidme, en fin, si me quiere lo mismo que la amo yo!


Autor: José Gautier Benítez, 1868
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